Picos de Europa, póker de aves alpinas

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Picos de Europa, póker de aves alpinas

Entre los recuerdos imborrables de mi infancia siempre destacarán los veranos en las rías de San Vicente de la Barquera y las cumbres de los Picos de Europa. Regresar a ellos ahora, como adulto, es revivir un viaje inolvidable que queremos compartir con vosotros en este blog. Desde nuestra estancia en la Montaña Palentina, nos dirigimos al norte. Cantabria, con su naturaleza desbordante, es remanso de paz para quien necesita descanso, y fuente inagotable de sorpresas y alegrías para los que disfrutamos en busca de aves y naturaleza viva.

Por el Desfiladero de la Hermida hasta el Valle de Liébana

Partimos desde San Vicente de la Barquera por la A-8 hasta la localidad de Unquera, famosa por su dulces con forma de corbata. Allí tomamos la N-621 en dirección a Panes. Nos adentramos poco a poco en el angosto conjunto de gargantas del macizo de Ándara, más conocido como el Desfiladero de la Hermida. Aquí el cauce del río Deva forma el desfiladero más grande de España. La carretera serpentea a través de paisajes verticales, rocosos e impresionantes. Conviene avisar que este tramo es complicado y supone todo un reto para muchos conductores.

Continuamos nuestro camino llegando al bellísimo Valle de Liébanay la localidad de Potes, en la que nos detendremos a la vuelta. Bosques de robles, encinas, hayas y alcornoques configuran la antesala de las grandes montañas de los Picos de Europa. Aquí hacemos un alto en el camino, concretamente en la localidad de Tama, para conocer de cerca el Centro de Visitantes de Sotama, un enorme edificio dedicado al Parque Nacional de los Picos de Europa al que nos dirigimos. El centro alterna fotografías, mapas, documentales, exposiciones permanentes y temporales. Además de explicar la geografía, flora y fauna, dedica buena parte de sus salas a dar a conocer las actividades tradicionales de la zona como la ganadería, la minería y la agricultura, la relación con el medio, y el arte e historia locales.

El teleférico de Fuente Dé

Desde Potes tomamos la carretera CA-185. Dejamos atrás el centro de interpretación, los valles y bosques para llegar a nuestro destino final: el Teleférico de Fuente Dé. La puerta al corazón de los Picos de Europa. Desde su base salva un desnivel de 753 metros. Una vez en la cima estaremos a nada menos que 1.823 metros de altitud pero antes es necesario sufrir, o disfrutar, de cuatro intensos minutos en el interior de una de sus cabinas. El horario general es de 9:00 a 20:00 horas y el precio ronda los 17 € ida y vuelta, u 11 € en caso de que se desee hacer uno de los trayectos a pie.

Luchando contra el vértigo

La subida en teleférico puede ser no apta para personas con vértigo, pero si conseguimos hacer un ejercicio de abstracción disfrutaremos de unas inolvidables vistas. Una vez arriba accedemos a un sendero de tierra desde el que comenzamos a avistar aves alpinas.

Para los menos intrépidos existe una cafetería y una tienda de suvenires en la que hacer tiempo hasta que decidan bajar. Si por el contrario vamos en busca de naturaleza frente a nosotros descubriremos un paisaje rocoso y carente de arbolado; típicas praderas alpinas y cumbres nevadas. Son frecuentes las densas nieblas, por lo que no es extraño que una vez arriba nuestro viaje concluya sin que podamos avistar ninguna especie, ni dar tres pasos seguidos sin perder de vista el camino. Ni que decir tiene que en la alta montaña es imprescindible llevar calzado adecuado, agua, ropa de abrigo (sea invierno o verano) , gorra, crema solar y sobre todo altas dosis de precaución y sentido común.

Picos de Europa, vista desde Fuente Dé, Cantabria

Picos de Europa, vista desde Fuente Dé, Cantabria

Base del Teleférico de Fuente Dé. Picos de Europa, Cantabria

Base del Teleférico de Fuente Dé. Picos de Europa, Cantabria

Las acrobáticas chovas piquigualdas

Nada más bajar de la cabina nos llaman la atención las bandadas de córvidos negros de pequeño tamaño y bastante ruidosos. Se trata de la chova piquigualda (Pyrrocorax graculus). Su aspecto es inconfundible. Destacan las patas de color rojo intenso y el pico amarillo sobre su negro plumaje. Forman bandos nutridos y vuelan de forma acrobática cerca del teleférico o se posan en las barandillas de la estación. Son aves muy confiadas y sencillas de observar. Suelen aprovecharse los desperdicios de turistas y aventureros. Esta especie tiene un área de distribución muy reducida, condicionada por su hábitat específico. En nuestro país podremos verlas en las cumbres y praderas alpinas de Cordillera Cantábrica y Pirineos.

El rechondo acentor alpino

Nos adentramos un poco más en el entorno y pronto descubrimos otras especies más pequeñas, menos llamativas, pero no por ello menos hermosas. La figura rechoncha y anaranjada del acentor alpino (Prunella collaris) es también fácil de descubrir avanzando a saltitos entre las laderas rocosas. Se trata de una especie similar a su pariente el acentor común (Prunella modularis) pero de mayor tamaño. Su cabeza y cuellos son gris pizarra, y contrastan con el vientre y flancos anaranjados y profusamente listados.

Este simpático pajarillo alpino es común en las cumbres más altas de casi todas las altas montañas ibéricas. En invierno desciende hasta cotas medias y sistemas montañosos menos elevados. También es frecuente observarlo cerca de las estaciones de esquí y refugios de montaña.

La Peña Olvidada y sus rebecos

Nuestra siguiente especie es un poco más difícil de encontrar. Se trata del esquivo gorrión alpino (Montafringilla nivalis). Para observarlo nos adentramos un poco más en los senderos que recorren estas montañas. Avanzamos por el camino que parte del teleférico. Frente a nosotros se alza imponente la Peña Olvidada, con sus más de 2.400 metros. Justo antes de llegar a ella, a nuestra izquierda, podremos disfrutar de algunos impresionantes lagos de alta montaña, los llamados Pozos de Lloroza. Sus aguas son el hogar de anfibios como el tritón alpino o la salamandra patilarga.

En la ladera opuesta, recortada frente al cielo azul, descubrimos una pequeña figura que llama nuestra atención, un sarrio o rebeco (Rupicapra rupicapra). Los rebecos son ungulados emparentados con las cabras. Miden unos 80 cm de altura y pesan menos de 20-30 kilos. Se caracterizan por sus cuernos cortos curvados hacia atrás. Son equilibristas de las cumbres. Sus patas son finas, provistas de pezuñas almohadilladas que les permiten adherirse sin problemas a las rocas y hielos de la alta montaña. Antaño escasos, hoy son realmente fáciles de observar en libertad. El ejemplar de la imagen posee el característico pelaje rojizo. Esta tonalidad es propia de la subespecie cantábrica en verano.

Acentor alpino (Prunella collaris). Alpine accentor. Picos de Europa. Cantabria.

Acentor alpino (Prunella collaris). Alpine accentor. Picos de Europa. Cantabria.

Chova piquigualda / Yellow-billed chough / (Pyrrhocorax graculus), Picos de Europa, Cantabria

Chova piquigualda / Yellow-billed chough / (Pyrrhocorax graculus), Picos de Europa, Cantabria

Detalle del ascenso en teleférico desde Fuente Dé

Detalle del ascenso en teleférico desde Fuente Dé

Rebeco, gamuza o sarrio (Rupicapra rupicapra). Picos de Europa

Rebeco, gamuza, sarrio o ante (Rupicapra rupicapra). Chamois. Picos de Europa. Cantabria

Mirador del Cable. Exterior de la estación del teleférico de Fuente Dé

mirador del cable T

Hacia los Puertos de Áliva, en busca de aves alpinas

Avanzamos unos metros. En este punto, llamado la Horcadina de Covarrobres, el camino se bifurca. Podemos tomar dos opciones que coinciden con dos rutas de montaña muy conocidas. Para los que solo tengan billete de ida, a nuestra derecha parte un sendero de unos 15 km que nos llevará de nuevo hasta Espinama y después a la base del teleférico en Fuente Dé. La ruta, conocida como los Puertos de Áliva, es relativamente sencilla y atraviesa praderas alpinas y bosques de hayas y robles en su parte final. Para los que no deseamos terminarla bastará con descender un trecho, por ejemplo hasta el conocido Hotel Refugio de Áliva y volver deshaciendo el camino.

El gorrión alpino, el menos conocido de los gorriones

Es precisamente en este tramo dónde conseguimos avistar otro de los grandes objetivos de nuestro viaje a los Picos de Europa: el escaso gorrión alpino (Montafringilla nivalis). Belleza, sencillez y elegancia. Este gorrión habita las cimas más inhóspitas de las montañas euroasiáticas. En España solo lo encontraremos aquí y en el Pirineo central. Su población se estima en unas 4.000 parejas reproductoras.

Gorrión alpino o gorrión nival (Montifringilla nivalis). Snowfinch. Picos de Europa, Cantabria

Gorrión alpino o gorrión nival (Montifringilla nivalis). Snowfinch. Picos de Europa, Cantabria

Detalle de la Ruta de los Puertos de Áliva. Buscando aves alpinas en los Picos de Europa

Detalle de la Ruta de los Puertos de Áliva. Picos de Europa

Acentor alpino (Prunella collaris). Alpine accentor. Picos de Europa. Cantabria.

Acentor alpino (Prunella collaris). Alpine accentor. Picos de Europa. Cantabria.

Descubrirlos cuando están posados resulta bastante complicado, dado que el dorso de su plumaje es pardo, con la cabeza grisácea, de forma que se confunde con las rocas y el pasto. En vuelo, sin embargo, es fácil de identificar porque destacan sus partes inferiores, de un blanco inmaculado, así como la cola, que contrasta con unas rectrices externas negras.

Suele formar pequeños bandos. Recorren el pasto en busca de invertebrados y semillas. Identificarlo nos costó una buena caminata, aunque finalmente una simpática pareja llegó volando y se posó en una roca cerca de nosotros, momento en el que tomamos estas fotografías.

La Vueltona de los Picos de Europa

Regresamos sobre nuestros pasos. El día soleado y sin viento facilita el camino. De nuevo frente a la Horcadina de Covarrobres nos reencontramos con la bifurcación del sendero que antes tomamos hacía la derecha. Ya es mediodía y en esta ocasión tomaremos la otra desviación.  Esta ruta es conocida como la ruta de los Horcados Rojos. Se trata de un camino pedregoso y ascendente que nos llevará a una de las cimas desde la que obtener una de las mejores vistas de los Picos de Europa. En total unos 12 km de ascenso, que requieren cierta forma física.

Nuestro objetivo esta vez no es ir tan lejos, bastará con llegar a las paredes de piedra verticales que llaman La Vueltona, justo dónde el camino se vuelve más complicado. En estos acantilados buscaremos al más esquivo de los habitantes alados de los Picos de Europa: el treparriscos (Tichodroma muraria).

La niebla, un visitante inesperado

El sendero se torna cada vez más pedregoso. A nuestro alrededor pasta un rebaño de ovejas. En la ladera de la montaña descubrimos también un par de rebecos más, que salen corriendo al paso de un grupo de montañeros. Sin embargo en pocos segundos hace su aparición otro visitante inesperado: la niebla. Primero unas cuantas nubes. En pocos minutos el cielo azul deja paso a un color gris plomizo. Colocamos los telescopios. Sabemos que no queda mucho antes de que la niebla lo cubra todo e impida continuar la observación. Barremos una y otra vez las paredes verticales en busca de un ligero aleteo, un destello rojizo en mitad de la roca gris que delate la presencia de nuestro pequeño objetivo.

Aviones roqueros, acentores alpinos y chovas pero ni rastro del treparriscos. Avanzamos hasta llegar a un pequeño nevero cuya nieve resiste el paso del verano. En él un grupo de gorriones alpinos nos sale al paso. Disfrutamos poco de ellos. Nos queda poco tiempo. Estamos a punto de darnos por vencidos cuando de pronto una pequeña ave cruza de un risco a otro. Sus alas redondeadas y su vuelo mariposeante no dejan duda, es un treparriscos.

El treparriscos, la mariposa roja de los acantilados

Rápidamente enfocamos los telescopios hasta que lo descubrimos ascendiendo rápidamente por la pared de rocas. Corretea pared arriba y abajo con asombrosa destreza. A su vez abre y cierra las alas dejando ver de forma intermitente el interior rojizo de sus alas y los bordes, color negro con puntos blancos.

La observación se produce a gran distancia. A pesar de ello conseguimos seguir al ave hasta que desaparece en una pequeña grieta. Esperamos unos instantes hasta que vuelve a aparecer ¡Todo hace indicar que hemos encontrado un nido de treparriscos! Dejando fija la posición del telescopio esperamos un rato hasta que regresa. Esta vez reparamos en que lleva algo pequeño y oscuro en el pico. Ahora no hay duda, es un nido, y seguramente nuestro treparriscos está alimentando a sus pollos con algún pequeño insecto. No tenemos tiempo para más. Las malas condiciones no nos permiten tomar fotos. La niebla ha caído con fuerza sobre nosotros y dificulta el regreso al teleférico.

Pared vertical. La Vueltona. Ruta de los Horcados Rojos

Pared vertical. La Vueltona. Ruta de los Horcados Rojos

Gorrión alpino o gorrión nival (Montifringilla nivalis). Snowfinch. Picos de Europa, Cantabria

Gorrión alpino o gorrión nival (Montifringilla nivalis). Snowfinch. Picos de Europa, Cantabria

Detalle del recorrido por Picos de Europa en busca de aves alpinas

Detalle del recorrido por Picos de Europa en busca de aves alpinas

Regreso con parada en Potes

Descendemos en uno de los últimos viajes del teleférico hasta Fuente Dé. La alegría de haber conseguido observar estas especies únicas se mezcla con el vértigo del trayecto de vuelta. Aún nos queda un buen trecho hasta regresar a San Vicente de la Barquera pero nos queda tiempo para disfrutar de unos minutos de pajareo. En los prados y bosques cercano descubrimos arrendajos, petirrojos y algunos pícidos, además de un grupo de buitres leonados que ciclean en el cielo abierto.

Emprendemos el camino de regreso, pero esta vez haremos una breve parada en Potes. La localidad tiene unas calles empedradas bellísimas y es conocida por sus puentes, en los que confluyen los dos ríos más importantes del Valle de Liébana: el Deva y el Quiviesa. Recomendamos probar los “quesucos” de Liébana típicos y si podemos permitírnoslo, darnos una comilona con uno de sus célebres cocidos montañeses y platos de cordero. Nosotros lo hicimos en el célebre Cenador del Capitán, frente a la Torre del Infantado, y sinceramente mereció la pena.

Treparriscos (Tichodroma muraria). Fotografía de Wikipedia. Creative Commons.

Potes, Valle de Liébana. Cantabria

Potes, Valle de Liébana. Cantabria

Otros destinos culturales: Comillas y Santillana del Mar

En los días sucesivos vistamos otros destinos bien conocidos en la zona. San Vicente de la Barquera, Comillas y Santillana del Mar. Naturaleza, cultura y también costa. En el aspecto ambiental, el Parque Natural de Oyambre es otra joya de la naturaleza cántabra. Sin embargo el espacio natural costero más renombrado en Cantabria es Santoña. Sus marismas atraen cada año a cientos de especies de aves. Santoña y Oyambre. A ambos espacios naturales dedicaremos la próxima entrada de este blog.

Estrecho de Gibraltar, aguas entre Tarifa y Tánger

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