El Cabo de Buena Esperanza y Boulders Beach

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El Cabo de Buena Esperanza y Boulders Beach

Amanece en Ciudad del Cabo. Nos preparamos para la segunda parte de nuestra visita al Parque Nacional de la Montaña de la Mesa, Mountain Table. El objetivo esta vez era visitar el famoso Cabo de Buena Esperanza, Cape Point, y la reserva natural que lo rodea. El Cabo de Buena Esperanza se sitúa a unos 90 minutos en coche desde Ciudad del Cabo. Sin embargo planteamos el recorrido incluyendo otras paradas representativas de la naturaleza de la zona, como Boulders Beach, Kalk Bay, Hout Bay o los Misty Cliffs.

En ruta, camino del Cabo de Buena Esperanza

Al igual que el día anterior partimos del distrito de Gardens, en Ciudad del Cabo, dónde nos alojábamos. Continuamos por De Waal para tomar la autovía de circunvalación M3. Esta vez condujimos hasta el final de la misma, hasta su intersección con la M42 a la altura de Westlake. Una vez allí tomamos la M4, y no la abandonamos durante prácticamente toda la jornada.

El Parque Nacional de la Montaña de la Mesa, Mountain Table, abarca casi toda la Península de El Cabo. Conviene aclarar que la mayoría de turistas entienden que Mountain Table se refiere sólo a la montaña en sí, la gran mole de roca plana que rodea Ciudad del Cabo. Sin embargo, el parque nacional engloba dicha montaña, Boulders Beach, la reserva del Cabo de Buena Esperanza y otros muchos lugares pintorescos de toda la península. Nuestro primer destino fue uno de ellos: Kalk Bay.

Kalk Bay y la alargada sobra del tiburón blanco

Kalk Bay es un pequeño pueblo de pescadores a las afueras de Ciudad del Cabo. Recomendamos una breve parada allí para contemplar desde la playa todo False Bay, recorrer su espigón, o ver a los surfistas cabalgar las olas. Mención especial a la presencia habitual de tiburones blancos (Carcharodon carcharias) en sus aguas. Como demuestran estos carteles, aquí, además del color de la bandera de la playa, es importante estar pendientes de las señales de tiburones… ¡Recordad que con cartel rojo o blanco mejor no meterse al agua!

Bouders Beach, una colonia de pingüinos de El Cabo

Desde Kalk Bay, continuamos por la M4 unos 25 minutos. Antes de llegar al Cabo de Buena Esperanza nuestro siguiente destino fue la colonia de pingüinos de El Cabo de Boulders Beach. Se trata de una famosa playa dentro del pintoresco pueblo costero de Simon’s Town. La ruta en este caso no tiene pérdida. Continúa paralela a la costa, lo que nos permitirá disfrutar del bello paisaje de False Bay. También se ven de camino las baterías de defensa del histórico puerto militar de Simon’s Town, famoso durante la Segunda Guerra Mundial por ser refugio de los barcos aliados.

Panel informativo sobre la presencia de tiburones blancos. Kalk Bay, Sudáfrica

Cartel informativo tiburones blancos surfistas. Kalk Bay, Cabo de Buena Esperanza, Sudáfrica

Entre pingüinos y pasarelas de madera

La playa de Boulders Beach es de arena fina y está jalonada por rocas graníticas que le dan nombre. Gracias a ellas queda protegida del oleaje y las tormentas. El lugar forma parte del Parque Nacional de la Montaña de la Mesa, Mountain Table. El acceso no es gratuito y hay que pagar una pequeña cantidad de 65 Rands. El baño está permitido en Boulders Beach y tan solo existe una pequeña parte protegida y reservada a la colonia de cría de los pingüinos. Se accede desde el Boulder Visitor Center, a través de una serie de pasarelas de madera. Bajo ellas los pingüinos de El Cabo o pingüinos africanos (Spheniscus demersus) campan a sus anchas, construyendo sus nidos excavados en la arena o aprovechando salientes o vegetación seca.

Cada año unas 60.000 personas visitan Boulders Beach, algunas de ellas con la fea costumbre de intentar tocar a los pingüinos, a pesar de las advertencias de que pueden llevarse un buen picotazo.

Colonia de pingüinos de El Cabo (Spheniscus demersus) en Boulders Beach, cerca de Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Los pingüinos de El Cabo, una especie amenazada

Como curiosidad comentar que Boulders Beach es una colonia de pingüinos de El Cabo muy reciente. Los primeros llegaron aquí en 1.983 procedentes de Dyer Island y de otras colonias cercanas a False Bay. A día de hoy la colonia está bien conservada, sin embargo en todo el mundo de número de parejas de esta especie apenas supera las 25.000, por lo que se considera una especie amenazada.

Sus principales peligros son los vertidos de petróleo, la sobrepesca, los atropellos y la persecución directa por parte de animales domésticos asilvestrados. Pueden observarse pingüinos durante todo el año pero la mejor época es enero, durante la muda, y preferiblemente al amanecer o atardecer.

A la salida de Boulders Beach existe un mercadillo local dirigido a los turistas. También hay bares y cafeterías dónde hicimos una parada hasta nuestra siguiente ruta: El Cabo de Buena Esperanza.

Alerta: ¡Papiones!

Continuando por la M4 abandonamos Boulders Beach y nos adentramos de nuevo en el Parque Nacional de la Montaña de la Mesa. La carretera continua su sinuoso trazado costero. Ello permite hacer diferentes paradas en pequeñas calas  donde se divisamos intersantes especies como lobo marino (Arctocephalus pusillus), ostrero negro africano (Haematopus moquini), gaviota cocinera (Larus dominicanus), gaviota cabecigrís (Chroicocephalus cirrocephalus), gaviota plateada sudafricana (Chroicocephalus hartlaubii), cormorán de El Cabo (Phalacrocorax capensis), cormorán grande (Phalacrocorax lucidus), cormorán de Bajío (Phalacrocorax neglectus)  Tampoco es extraño encontrarse con grupos de papiones chacma o papión negro (Papio ursinus). Indicar que estos primates son expertos en robar comida a los turistas y que pueden llegar a ser muy peligrosos si se les hace frente.

A la altura de Smitswinkel Bay la M4 abandona la costa para conducirnos a la entrada de la antigua reserva natural del Cabo de Buena Esperanza, hoy dentro del Parque Nacional de la Montaña de la Mesa.

Los horarios y peajes para visitar el Cabo de Buena Esperanza

La entrada no es gratuita, es obligatorio pagar 125 Rands por cada adulto que visita la reserva. El pago se realiza en el control de acceso, desde el que distan aún bastantes kilómetros hasta Cape Point. Es muy importante tener esto en cuenta para calcular los tiempos ya que que la reserva solo permanece abierta de 6 de la mañana a 6 de la tarde de octubre a mayo, y de 7 de la mañana a 5 de la tarde el resto del año. Llegar al punto de control más tarde de ese horario conlleva en pago de una cuantiosa multa.

Cabo de Buena Esperanza, el reino del fynbos

Una vez pagada la entrada nos adentramos en la parte sur de la Península del Cabo. A ambos lados de la carretera surgió una enorme extensión de matorral de baja altura.

Cabo de Buena Esperanza es el reino del fynbos, el ecosistema clave en la costa sudafricana. Se trata de un tipo de matorral litoral fino,  formado por proteas, ericáceas, pastos de restionáceas y bulbosas.

La diversidad vegetal del fynbos es mayor que la de los bosques lluviosos de las regiones tropicales, con cerca de 7.000 especies de plantas, de las cuales 5.000 son endémicas.

La fauna del Cabo de Buena Esperanza

A parte de su singularidad vegetal, el Cabo de buena Esperanza alberga algunos grandes mamíferos de interés que tuvimos ocasión de ver durante el viaje. Además del citado papión chacma, también es posible ver a los escasos bontebok (Damaliscus pygargus pygargus), una especie de damalisco que estuvo a punto de desaparecer el siglo pasado. Pudimos disfrutar de algunos ejemplares que pastaban en el mar de fynbos. Más en el interior encontramos algunos eland común (Taurotragus oryx), de corpulencia similar a la de un  bóvido y aspecto de cérvido. En la reserva también ha sido reintroducida la cebra de montaña (Equus zebra), aunque no conseguimos ver ningún ejemplar.

Tras varios kilómetros disfrutando de este maravilloso ecosistema llegamos a nuestro destino, Cape Point. Frente a nosotros un aparcamiento amplio atestado de coches, en la falda de un pequeño monte en cuya cima de alza un pequeño faro que data de 1.859. El camino serpentea un par de kilómetros pero las proteas y otras flores de tonos rojos, la vegetación exuberante y las impresionantes vistas merecen la pena. Se me olvidaba comentar que existe un pequeño funicular, el Flying Dutchman, que por 58 Rand nos ahorrará los trayectos de subida y bajada.

Control de acceso a la reserva de Cabo de Buena Esperanza, Sudáfrica

Entrada a la reserva de Cabo de Buena Esperanza, Sudáfrica

El cabo de Tormentas y la leyenda del Holandes Herrante

El Cabo de Buena Esperanza toma su nombre del sentimiento de esperanza de los marineros por llegar sanos a puerto una vez lo doblaban, dejando atrás mares mucho más bravos. En la cima merece la pena detenerse a disfrutar del mar, de las vistas y a recordar las historias y leyendas de los barcos que surcaron estas aguas.

Durante mucho tiempo se pensó que el Cabo de Buena Esperanza separaba los océanos Atlántico e Índico, como punto más al sur del continente africano. Hoy en día sabemos que nos es así. Ese honor corresponde al cabo de Agulhas, unos kilómetros más al este. Sin embargo esto no resta credibilidad a la bien ganada fama de los mares que bañan sus acantilados. Durante siglos se cobraron la vida de muchos marineros. Infinidad de barcos hundidos jalonan sus aguas y son muchas las leyendas de naufragios y piratas que doblaron el cabo. La más conocida de ellas es la del Holandés Errante, un barco fantasma hundido frente a estas costa del que se dice que los días de tormenta aún puede verse navegar entre la bruma.

Emprendimos la bajada con el tiempo muy justo. Ello no nos impidió disfrutar de algunas especies de aves autóctonas como el escribano de El Cabo, algún eland pastando, grupos de papiones y las gaviotas cocineras  patrullando los cielos a la caída de la tarde. Una pareja de incansables  estorninos alirrojos (Onychognathus morio) nos acompañaron hasta el parking donde cogimos el coche.

Misty Cliffs, los acantilados de la niebla

Una vez conseguido el objetivo de llegar a las 18:00 horas al punto de control fuera del parque respiramos hondo. Nos habíamos librado de la multa. Sin embargo el retraso acumulado no nos permitió visitar la granja de avestruces que se encuentra justo a la salida. Una breve parada para fotografiar algunos ejemplares y continuamos por la M5 en dirección a nuestro último destino, el atardecer en los Misty Cliffs.

A lo largo de nuestros viajes pocos lugares me parecieron recibir un nombre tan adecuado como el de estos acantilados. El sol se ocultaba poco a poco dejando entrever tonos lilas y dorados que estallaban contra el mar y se ocultaban allí donde las olas rompían contra las rocas.

De pronto el olor a mar inundaba la carretera. Los Misty Cliffs, los acantilados místicos, haciendo honor a su nombre. Un broche de oro para poner punto final a una jornada que recordaremos toda la vida.

De vuelta Ciudad del Cabo

De vuelta a Ciudad del Cabo podemos continuar bordeando la costa, si bien es importante recordar que los acantilados a las altura de Hout Bay no son aptos para conductores con vértigo. Una ruta alternativa es llegar a Noordhoek y coger la carretera de interior M64 que atraviesa Silver Mine hasta llegar a la M3.

Cape Point, Cabo de Buena Esperanza, Sudáfrica

Cabo de Buena Esperanza y costa oeste sudafricana

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