Bisonte y oso pardo en la Montaña palentina

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Bisonte europeo y oso pardo en la Montaña Palentina

La cordillera cantábrica, esa maravillosa cadena montañosa salpicada de verdes praderas de montaña, abruptas colinas rocosas y bosques frondosos de especies continentales. Paisajes todos ellos que nuestro inconsciente tienda a asociar con Asturias, Cantabria y quizá el norte de León. La Montaña Palentina, la gran olvidada de nuestra cordillera cantábrica, alberga buenas poblaciones de una maravillosa fauna y flora. Lobos, osos, sarrios, urogallos, gatos monteses y desde hace algunos años un visitante expatriado, el amenazado bisonte europeo. En este viaje intentaremos adentrarnos en el corazón de esta maravillosa tierra, de la mano de nuestros amigos y guías Laura Benito y Alberto Remacha, en busca de los tesoros naturales que todavía alberga.

Aguilar de Campoo, campos de Castilla con olor a galletas

Comenzamos nuestro recorrido en los campos de Castilla, en la palentina localidad de Aguilar de Campoo. Un pueblo famoso por las fábricas de galletas que las multinacionales de la alimentación han instalado históricamente allí. El paisaje hace honor a su fama, rodeado de impresionantes campos de cereal y junto al azul del embalse que lleva el propio nombre del pueblo. Nada hace presagiar que a pocos kilómetros al norte se encuentran las verdes montañas a las que nos dirigimos. Además de las citadas fábricas, el pueblo merece ser visitado por otros monumentos como la célebre Colegiata de San Miguel y el Monasterio de Santa Clara; además de la ribera del río Pisuerga, que nos acompañará en diferentes puntos a lo largo de nuestro recorrido.

La reserva de bisonte europeo de San Cebrián de Mudá

Desde Aguilar de Campoo tomaremos la carretera CL – 626 en dirección a Cervera de Pisuerga. Al llegar a la pequeña localidad de Quintanaluengos volveremos a desviarnos en dirección norte por la PP – 2125. Nuestro primer destino será esta vez también el más exótico: la reserva de bisonte europeo de San Cebrián de Mudá. 

La triste historia del bisonte europeo

Pero ¿por qué una reserva para estos extraños animales en mitad de la Montaña Palentina? Comenzaremos relatando brevemente la historia de nuestro protagonista. El bisonte europeo (Bison Bonasuses pariente del más conocido bisonte americano, pero a diferencia de este, prefiere los bosques continentales a las verdes praderas. Es el mamífero más grande de Europa, un gran bóvido de casi tres metros y medio de longitud y dos metros de altura a la cruz. Los ejemplares más grandes llegan a los 900 kilos de peso.

Existen datos fiables que indican que se distribuyó en estado salvaje por prácticamente todo el continente europeo. En nuestro país hay citas en la zona pirenaica y parece ser que en el S.XII el último ejemplar fue cazado en los bosques navarros. En el resto del continente no corrió mejor suerte. Las últimas citas en Francia son del S.XV. En los cárpatos se extinguió en el siglo XVIII. Los últimos ejemplares quedaron confinados al Caúcaso y al bosque de Bialowieza (Polonia). Allí sobrevivieron un siglo más gracias a que las familias nobles de Polonia, Rusia y Lituania consideraban que cazarlos era su derecho exclusivo, protegiéndolo del resto de cazadores que los exterminaban para poder consumir su carne y pieles.

Con la llegada de la Primera Guerra Mundial, se reactiva su caza para dar de comer a las tropas y el último bisonte de Bialowieza muere en 1.919. Pocos años más tarde, en 1.927, también desaparece del Caúcaso, dando la especie por extinta en libertad.

Centro de Interpretación del Bisonte en San Cebrián de Mudá

Centro de Interpretacion del bisonte europeo, Bison Bonassus, en San Cebrián de Muda, Palencia

Colegiata de San Miguel, Aguilar de Campoo

Colegiata de San Miguel. Aguilar de Campoo (Palencia)

Una última oportunidad para el bisonte europeo

Tras su extinción en estado salvaje quedaba una última oportunidad para el bisonte europeo. Paradojicamente, el mismo ser humanos que lo llevó a la extinción, quería ahora recuperarlo. En 1923 se crea la Compañía Internacional de Defensa del Bisonte (CIDB). Años más tarde logró el permiso del gobierno polaco para reintroducir 12 ejemplares (11 polacos y el último bisonte caucásico) en el Bosque de Białowieża.

Desde entonces su población no ha parado de crecer y hoy llega a los 4.000 bisontes. Pero la escasas diversidad genética de la especie genera muchas dudas en cuanto a su futuro, ya que son animales con alta consanguinidad, muy vulnerables a la enfermedades. Por esta razón se trasladan con frecuencia ejemplares y se están creando nuevas reservas en espacios favorables distantes entre sí, dónde llevar bisontes. Es aquí dónde aparece nuestra reserva de San Cebrián de Muda, en la Montaña Palentina. 

20 hectáreas para 9 bisontes

A 400 metros del centro de San Cebrián de Mudá se alza un moderno edificio de color crema, que bajo el letrero “Bison Bonasus”, alberga un moderno centro de interpretación. Allí encontraremos abundante información sobre la especie, el proyecto de recuperación de los bisontes, y su reserva, y podremos sacar las entradas para visitarla. Puede hacerse a pié, en calesa de caballos, bicicleta o todoterreno, y el precio ronda los 6 € por persona a pié, y unos 10 € para el resto de opciones. En todos los casos es necesario hacerlo con guía.

De la mano de nuestro guía recorremos a pié una preciosa pista forestal jalonada de robles y vegetación. Varios arrendajos y un bonito abejero europeo (pernis apivorus) nos acompañan en el recorrido. Un par de kilómetros al norte llegamos a una cancela de madera con un perímetro electrificado. Aquí el camino se estrecha y nos conduce a un observatorio elevado, también de madera desde el que observar a los animales.

No tarda en aparecer un gran macho a muy pocos metros de nosotros, su comportamiento es totalmente manso. Ramonea y pasta mientras nos mira de reojo a menos de medio metro. Solo un alambre a media altura nos separa de este imponente animal.  Para nosotros, acostumbrados a ver fauna en libertad, no deja de ser una experiencia algo descafeinada. Una mezcla entre la alegría de ver en directo este fósil viviente en directo, y la tristeza de pensar que están confinados a una “reserva” de sólo 20 hectáreas.

El guía llama al resto de la manada y comienza a esparcir pienso. Los bisontes se comportan exactamente igual que cualquier rebaño de ganado doméstico… quizá porque en el fondo es lo que son. A los pocos minutos, y ya dentro del observatorio, aparecen una hembra con su cría de pocas semanas de vida. Tras ellos el resto de la manada. En total los 9 bisontes de la Montaña palentina. Animales bellísimos por otra parte, que uno no puede evitar pensar que, quizá en otro tiempo, compartieron hábitat con nuestros osos y urogallos en completa libertad.

Bisonte europeo / Bison bonasus / European Bison / San Cebrián de Mudá (Palencia)

Caballos de Przewalski en San Martín de Parapertú

Caballo de Przewalski, caballo salvaje mongol o takhi / Equus ferus przewalskii / Przewalski's horse / San Martín de Parapertú (Palencia)

Hotel Rural Piedra Abierta, San Martín de Parapertú

Hotel Rural Piedra Abierta, San Martín de Parapertú (Palencia)

Observatorio de la reserva de San Cebrián de Mudá

Observatorio para bisonte europeo, Bison Bonassus, en San Cebrián de Muda, Palencia

Pajareando por San Martín de Parapertú 

Abandonamos la reserva. Nuestro destino es San Martín de Parapertú, una pequeña pedanía situada unos pocos kilómetros al norte. Praderas, bosques de robles y el encanto típico de los sitios que aún conservan la esencia de lo auténtico. Un precioso pueblo que merece ser visitado. Nos alojamos en el Hotel Rural Piedra Abierta, una antigua fragua de pueblo con pajar y hornera, muy acogedor y muy recomendable para el viajero de turismo de naturaleza.

Como todavía era temprano decidimos dedicar un rato a pajarear por la zona. En las praderas, alrededor del pueblo, pudimos observar rapaces como busardo ratonero (Buteo buteo), milano real (Milvus milvus) y, en la lejanía, una rueda de buitres leonados (Gyps fulvus).

Los caballos de Przewalski

Sin embargo lo que más nos llamó la atención fue una pareja de caballos pequeños, de pelo corto color crema, que pastaban tranquilamente a pocos metros de nosotros. Rápidamente los identificamos como caballos de Przewalski (Equus ferus przewalskii). Estos animales son originarios de Mongolia, y son famosos por ser antepasados muy antiguos de los caballos actuales. En Europa, existió una raza de caballo similar, el tarpán, ya extinto. Se trata del antepasado de los caballos que los hombres del paleolítico retrataron en pinturas rupestres. Más tarde pudimos saber que su presencia obedecía al interés de la reserva de bisontes, de “completar” la visita ofreciendo la posibilidad de ver otras especies con las que convivieron los hombres del cuaternario.

Rana patilarga (Rana iberica) en la Montaña palentina

Rana patilarga / Rana iberica / Iberian frog / Montaña Palentina / Palencia

Detalle del Valle de Pineda, entre Palencia y Cantabria

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Escribano montesino (Emberiza cia) cerca de Cervera de Pisuerga

Escribano montesino / Emberiza cia / Rock bunting / Montaña palentina / Palencia, España

Más allá de esta anécdota, continuamos nuestra ruta entre arbustos y robledales, disfrutando de tarabillas comunes (Saxicola rubicola), alcaudones reales (Lanius meridionalis), mosquiteros musicales (Phylloscopus trochilus)  y petirrojos europeos (Erithacus rubecula). 

Con esto dimos por finalizada nuestra primera jornada en la Montaña palentina. Al día siguiente tocaba madrugar para afrontar una de las etapas clave del viaje, una ruta por territorio osero en el interior del Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente de Cobre.

Tras las huellas del oso pardo

Amanece temprano. El canto del cárabo (Strix aluco) aún se escucha en lo más profundo del bosque. Nos ponemos en marcha. Nuestra guía, Laura, nos recoge con su todoterreno. Nos dirigimos a algún remoto valle del corazón de la Montaña palentina. Nuestro objetivo es lograr ver a la especie más emblemática que habita estas montañas, el oso pardo cantábrico.

Antes de nada queremos aclarar que habitualmente comentamos las localizaciones exactas que visitamos, pero en este caso vamos a omitir los detalles de nuestra ruta. Conviene recordar que estamos hablando de una especie en peligro crítico de extinción, cuya conservación requiere evitar molestias a los ejemplares en libertad. Nuestra intención es situarnos en un fondo de valle, a varios kilómetros de distancia, y observar desde allí con nuestros telescopios terrestres, sin ser vistos y sin causar molestias.

La población osera oriental

Antaño el oso pardo se distribuía por todo nuestro país. A principios del siglo XX la caza furtiva y la pérdida de hábitat confinaron los últimos ejemplares de la especie a la Cordillera Cantábrica y los Pirineos. Desde entonces la población original pirenaica prácticamente ha desaparecido (reintroduciéndose posteriormente). Entre  ejemplares reintroducidos, autóctonos y sus descendientes, actualmente se contabilizan unos 40 osos en el Pirineo.

Por su parte, los osos cantábricos llegaron a un mínimo de unos 80 ejemplares en los años 80. Los esfuerzos en conservación permitieron el crecimiento de la población, aunque de forma desigual. En la actualidad existen dos núcleos oseros, uno occidental entre las provincias de León, Asturias y Lugo, que no deja de crecer cada año y ya supera los 200 ejemplares. Por el contrario, el núcleo oriental, entre las provincias de Palencia, Cantabria y oeste de León, cuenta con una población estable de apenas 40 osos, muy dispersos, y solo 4 o 5 osas con crías.

Oso pardo / ursus arctos / Brown Bear / Montaña Palentina / Palencia, España

Valle de Pineda, Montaña palentina

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Entre pistas, huellas y rastros

Nuestro todoterreno asciende por una pista forestal. El camino poco a poco se torna más pedregoso. El sol comienza a despuntar en el cielo, aunque las nubes amenazan agua. Tras media hora de traqueteo nos detenemos. Estamos en lo alto de una colina. Ante nosotros se abren varios valles de la Montaña Palentina. Nuestros monitores nos indican dos o tres posibles zonas dónde se vieron osos recientemente. En esta región, además de osos, es frecuente la presencia de lobo ibérico (Canis lupus signatus).

Las horas transcurren, y poco a poco el frío y la lluvia vencen nuestro entusiasmo inicial. Una hora más tarde nos cruzamos con una Patrulla Oso del FOP (Fundación Oso Pardo)monitores cuya misión es vigilar las zonas oseras. Repentinamente alguien da el aviso ¡Allí, arriba, en el canchal! A penas un segundo… un pequeño revuelo y algo se oculta tras unos arbustos. Quien afirma haber visto al oso nos indica por dónde se fue. Esperamos largo rato pero el animal no vuelve a aparecer.

A mediodía comienza a llover con fuerza. Decidimos levantar la espera y dirigirnos a una pista cercana en busca de rastros. No tardamos más que unos pocos metros en encontrar las primeras huellas de oso. Son frescas y muy claras. Por comparación con nuestra mano podemos hacernos una idea del tamaño del ejemplar. Aunque los osos cantábricos no suelen ser de costumbres diurnas no podemos evitar pensar que un gran oso pardo está cerca, muy cerca de nosotros, y que podemos cruzárnoslo en cualquier momento.

Poste arrancado y mordido por un oso pardo en la Montaña palentina

Poste de madera con señales de haber sido arrancado por un oso pardo (Ursus arctos)

Oso pardo fotografiado en Cabárceno (Imagen obtenida en condiciones controladas)

Oso pardo / ursus arctos / Brown Bear / Cabárceno (Cantabria) / Imagen obtenida en condiciones controladas

En el Valle de Pineda, a caballo entre Palencia y Cantabria

Regresamos a nuestro coche y emprendimos de nuevo el camino en todoterreno por el valle de Pineda. Probablemente uno de los valles alpinos mejor conservados de nuestro país, a caballo entre las provincias de Cantabria y Palencia. Praderas de alta montaña, piornos, brezos y zonas encharcadas configuran un paisaje un aspecto único. No tardamos en volver a detenernos. En esta ocasión es un poste de madera destrozado lo que llama nuestra atención. Ha sido otro oso quien lo ha utilizado como rascador, y posteriormente lo ha arrancado y mosdisqueado. Quedamos impresionados ante la fuerzas de las poderosas mandíbulas que hayan podido hacer algo así con esta barra de madera maciza.

Continuamos nuestra ruta. Entre parada y parada disfrutamos de otras muchas especies de la rica fauna de la Montaña palentina. Anfibios como la rana bermeja (Rana temporariay la rana patilarga (rana iberica), peces como la trucha común (Salmo trutta) y por supuesto aves. Entre las más destacadas, algunas de alta montaña como el precioso y colorido ruiseñor pechiazul (Luscinia svecica), el escribano montesino (Emberiza cia), la tarabilla común (Saxicola rubicola) y el colorido pardillo común (Linaria cannabina).

Antes de despedirnos tenemos el privilegio de contemplar una escena íntima de nuestra avifauna, un pollo enorme de cuco común (Cuculus canorus) pía y aletea con fuerza sobre una valla. Intenta llamar la atención de sus padres, dos pequeñísimos chochines comunes (Troglodytes troglodytes). La escena, no por conocida deja de resultar en parte cómica. Parece increíble el esmero con el que los padres se esfuerzan por alimentar una cría que quintuplica su tamaño y peso. Dejamos atrás a nuestros cucos para enfilar la última parte del viaje, una agradable cena a base de tortilla y productos típicos en la localidad de Cervera de Pisuerga. Toca coger fuerzas, irse pronto a la cama y descansar para afrontar la última jornada en la Montaña Palentina.

Oso pardo fotografiado en Cabárceno (Imagen obtenida en condiciones controladas)

Oso pardo / ursus arctos / Brown Bear / Cabárceno (Cantabria) / Imagen obtenida en condiciones controladas

Poste arrancado y mordido por un oso pardo en la Montaña palentina

Poste de madera con señales de haber sido arrancado por un oso pardo (Ursus arctos)

Gato montés y pico mediano para despedir la Montaña palentina

A la mañana siguiente recogimos nuestra maleta para poner rumbo a la provincia de Cantabria. Nos esperaban las playas de San Vicente de la Barquera y Comillas, además de las cumbres de los Picos de Europa. Sin embargo aún nos quedaba una mañana por disfrutar en la Montaña palentina, y queríamos despedirla a lo grande con la observación de una especie de pícido común en el norte de Europa pero muy escaso en nuestro país: el pico mediano (Leiopicus medius). Nos adentramos un par de horas en un bosque maduro de hoja caduca, pero no hubo suerte. El pico mediano no se dejó ver y se nos hacía tarde, por lo que emprendimos de nuevo nuestra ruta.

Sin embargo el azar nos deparaba una observación si cabe mejor que la del pico mediano. Fue fugaz, pero no por ello menos espectacular. De camino al coche, en mitad de una verde pradera, un fabuloso ejemplar de gato montés (Felix silvestris) intenta cazar a plena luz del día. De lejos aún nos quedan dudas pero enfocamos nuestros telescopios y nos quedamos sin palabras al contemplar dos ojos color turquesa que nos miraban directamente. El pelaje atigrado, la cabeza potente y la cola larga, gruesa, anillada y terminada en un penacho de color negro. En sus fauces una rata topera (Arvicola terretris) que acaba de cazar. Fueron unos pocos instantes, pero suficientes para irnos de la Montaña palentina con el mejor recuerdo posible y con ganas de volver en un futuro cercano.

Estrecho de Gibraltar, aguas entre Tarifa y Tánger

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